
Diligo Deum, Ergo Sum Amo a Dios, luego existo
La trascendencia deriva de un acto interno continuo del libre albedrío
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La trascendencia del propio Ser no se alcanza mediante el poder material, físico ni intelectual, sino espiritual, básicamente consiste en amar incondicionalmente a Dios. Cuando somos capaces de realizar este acto sostenido a través del tiempo, actualizamos sobre nuestra naturaleza la manifestación del Espíritu y por efecto su conciencia y conocimiento. Sólo entonces se nos revela nuestro propio Sí mismo en su esencia como onda absoluta y ya no nos reconocemos como simples receptáculos de hueso, sangre y carne. Es cuando realmente pasamos a existir atemporalmente¿Nunca me conformaba co...
La trascendencia del propio Ser no se alcanza mediante el poder material, físico ni intelectual, sino espiritual, básicamente consiste en amar incondicionalmente a Dios. Cuando somos capaces de realizar este acto sostenido a través del tiempo, actualizamos sobre nuestra naturaleza la manifestación del Espíritu y por efecto su conciencia y conocimiento. Sólo entonces se nos revela nuestro propio Sí mismo en su esencia como onda absoluta y ya no nos reconocemos como simples receptáculos de hueso, sangre y carne. Es cuando realmente pasamos a existir atemporalmente¿Nunca me conformaba con los simples benéficos efectos de la meditación, como la tranquilidad mental, los poderes psíquicos y el desarrollo creativo de la inteligencia; para mí eran siempre nada y por eso, lloraba profundamente, para que el Amor Divino me sonriera internamente, para poder escuchar a Dios ronroneando dulcemente desde mi mismo corazón... Y Él, aunque se hacía dulcemente desear, siempre finalmente venía y su nube de afecto me envolvía.