
Ojo suelto
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Con un lenguaje que se manifiesta en desguace, inventario de piezas rotas, desperdicios o desechos, se construyen visiones oblicuas que expresan extrañeza. La poeta se sirve de lo físico de los libros, de los gestos naturales de leer o escribir, de los objetos del entorno para expresar la eterna contradicción entre la escisión del individuo y su fluir en la corriente del universo humano, entre el ser que se detiene a mirar, a leer, o a tomar notas, y el movimiento irrefrenable del mundo, que la arrebata. Los poemas de Tolaretxipi no explican ni definen nada, pero algo se abre en los textos...
Con un lenguaje que se manifiesta en desguace, inventario de piezas rotas, desperdicios o desechos, se construyen visiones oblicuas que expresan extrañeza. La poeta se sirve de lo físico de los libros, de los gestos naturales de leer o escribir, de los objetos del entorno para expresar la eterna contradicción entre la escisión del individuo y su fluir en la corriente del universo humano, entre el ser que se detiene a mirar, a leer, o a tomar notas, y el movimiento irrefrenable del mundo, que la arrebata. Los poemas de Tolaretxipi no explican ni definen nada, pero algo se abre en los textos y se ramifica. Hay atención, tensión, aspereza, violencia, pero también contención y mesura. Caben el azar y la espontaneidad. Los poemas hablan de fallas, restos, desplazamientos; se escriben con lo que hay alrededor: vidas, memoria, objetos, paisaje, lecturas. Son huecos, espacios donde respirar. Las voces del poema no siempre coinciden con el yo; son, a veces, cuerpos que murmuran y se mueven.